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Espejo de un mundo

perreries.gif Reproducimos equí otra selmana más l'artículu de José Ángel Gayol publicáu en La Nueva España de güei, cosa pa la que contamos col preste del autor (por si dalguién recelaba).

 Pablo Rodríguez Medina, Perreríes,  Uviéu, Suburbia Ediciones, 2007.

El último libro del prolífico Pablo Rodríguez Medina se titula Perreríes y constituye un mapa de los premios literarios ganados por el autor a lo largo de estos años. Se trata de una recopilación de relatos que, ya desde el prólogo, se considera deudora de los premios ganados. Pablo Rodríguez Medina hace una defensa del premio literario desde su concepción estética particular. En este sentido, viene a confesarnos su pretensión de obtener un determinado efecto literario, realizar una obra atractiva para el lector, escribir en suma. El resultado es un libro heterogéneo, diverso, fértil, complejo y apreciable. Algunos relatos son realmente brillantes por la trascendencia que transmiten: la crudeza de lo que nos rodea o los sentimientos crueles que laten debajo de la piel de cualquiera de nosotros. En cierto modo, «Llora, muyer, llora», «Díxo-y ta llueu, Liliana» y «Perreríes» son relatos que agreden, que sacuden por su dureza. Encontramos en ellos violaciones, venganzas, sangre, muertes, incestos, incluso canibalismo. No hay concesiones ni disimulos hacia la naturaleza humana. Los argumentos en cada uno de estos cuentos, también «El semador» con quien guardan unidad formal, carecen realmente de importancia para convertirse en vehículos de un mensaje más profundo.

A partir de aquí, el libro cambia de tercio y los relatos que siguen dan más fuste a la trama: son, por así decir, relatos de entretenimiento en los que se cuentan los entresijos de un partido de solteros contra casados («De penalti»), las dificultades para atracar un banco por un grupo de amigos inútiles («El plan») o la construcción de una vida simulada para soportar un dolor indisimulado («Vides paraleles»). Y aún en estos casos también podemos hallar segundas lecturas a poco que profundicemos en la historia.

Particularmente desopilante es el cuento «Segundes oportunidaes», en el que un grupo de prejubilados de la mina decide robar el cadáver de Franco, con las consecuencias imprevisibles que ello conlleva. «Segundes oportunidaes» constituye un perfecto retrato social de las cuencas mineras, la radiografía de una deconstrucción que aún no ha cesado.

El que quizá sea el mejor cuento del libro («Coses de los que falen pel fueu») es el que le da inicio y entrada al universo de Pablo Rodríguez Medina. Es un retrato reposado de un pasado reciente que no volverá, una historia de amor teñida por la lluvia de los rencores, los errores de los culpables y las culpas de los inocentes. Feliciano «El Paragüeru» es el baldaquino que protege los amores entre Martín y Mandina, un hombre bueno que rumia la muerte de su mujer mientras arregla paraguas y enseña el oficio y un modo de vida en extinción al maltratado Martín, víctima de errores ajenos y culpable de otros, como ya se señaló.


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