Jose Luis Rendueles, LOS MEYORES CUENTOS DEL MUNDU Y OTRES PROSES MONGOLES, Trabe, 2008
HISTORIAS DE UN MUNDO QUE MUERE
Siete años después de la publicación de Cuentos chinos, un excelente libro de relatos, de referencia obligada en la literatura en asturiano, vuelve José Luis Rendueles con Los meyores cuentos del mundu y otres proses mongoles, de título continuista, pero lejano en la concepción narrativa adoptada.
En este relato, José Luis Rendueles utiliza un registro cómico que sostiene el interés de la trama y marca una atmósfera llena de inquietantes peligros, que se apuntan y no se concretan. El humor hace más infausto el cuadro de prevaricaciones, lucros, intereses económicos y falta de moralidad que hay tras las operaciones urbanísticas que amenazan nuestro medio ambiente. Las gentes del medio rural están acostumbradas a un mundo y son testigos de su destrucción contra la que luchan con las armas a su alcance. Como desaparece el mundo de los personajes que protagonizan «Branu enfermu», «L'espíritu de les coses pequeñes» o «La historia más murnia enxamás contada», o desaparece el sentido de la realidad en «Coses por facer», «Una vida», «Velea» o «Caparina». También hay sitio para los relatos de circunstancia («Fiesta de muerte», «El sangre» o «Vacunes»), y las fábulas que remiten a Las mil y una noches, como «L'aventura cabera d'Abdelesar» o «Balada del agullíu solitariu». El aspecto más interesante del libro radica en su heterogeneidad estilística: cuentos tradicionales, posmodernos, históricos, de ciencia ficción, de terror... La alternancia de cuentos breves y largos dota de ritmo a esta singular sinfonía narrativa, mezclando humor y horror, narrativa poética y prosa realista, fantasía y costumbrismo. Los más variados registros se dan cita, como si todo el libro fuera una orquesta de treinta instrumentos (cuentos) distintos, que tocan una misma sintonía: la historia de un mundo personal y social que agoniza. Ésta es la historia de Asturias, parece decirnos, y la historia de nuestra lengua y nuestra cultura. La virtud de semejante hazaña tiene el reverso de significar su talón de Aquiles: cada instrumento interpreta una partitura desenfadada de jazz libre, aunque descontrolada y no siempre afinada. Se tiene la sensación de que algunos cuentos deberían estar en otra colección y unos pocos en ninguna. Todos interpretan el mismo tema con diferentes melodías. Con todo, el libro se alza con consistencia, seriedad, profesionalidad y oficio. Muchos de estos relatos tienen significación por sí mismos, son dignos continuadores de la estela de Cuentos chinos, y suponen una aportación interesantísima a la literatura asturiana, un mundo sin atisbos de desaparición, aunque en constante amenaza.
Aquí Rendueles hace crónica del fin de un mundo, de las personas, de los sentimientos, de las ideas, de la memoria. En cada uno de estos cuentos se barrunta una historia sobre el derrumbamiento, una destrucción moral, física o psicológica. En varios relatos, los ancianos son los protagonistas absolutos desde perspectivas distintas, a cual más sugerente: «Mientres la vida siga» (descripción de la desestructuración del medio rural), «Vieyos» o «Un cuentu nazi» (estampas de un destino triste) o «Pa nun char gota», quizás el relato más logrado, por el soberbio humor que despliega a la hora de dibujar una situación, que no por habitual resulta menos trágica: el esquilmo del mundo rural por el desaforado desarrollo urbanístico.
(Esta reseña de Jose Ángel Gayol foi publicada nel suplementu Cultura de La Nueva España del día 29 de mayu de 2008)


Esbilla
del.icio.us
muerte, la locura, el mito del emigrante, el recuerdo épico del padre, los tiempos pasados como tierra de oportunidades y, sobre todo, de desengaños, de perdida de la inocencia. Todo ello, y más, lo encontramos en este libro excelente. El autor va narrando con una prosa llena de poesía y misterio diversos episodios de su vida, en clave biográfica y en clave ficcional a partes iguales, porque en cada página hay un hecho real que se confunde con un sueño y un desengaño. El descubrimiento de la muerte protagoniza el primer corte del volumen. En él se rompe la ingenuidad del niño. Resulta llamativo que el escritor empiece por el final, por la meta de la vida, por la muerte. La significación de la parca constituye un hecho trascendental que tiene repercusiones para siempre. Ese momento es el elegido por Roberto González-Quevedo para iniciar su navegación sobre el río Sil. Pero hay más desencuentros: como la llegada de la democracia y la constatación de que nunca hubo vencedores, sigue sin haberlos, y lo que sí hay es un gran ejercito de vencidos. La guerra civil será un fantasma cuya sombra se alargue sobre generaciones posteriores, asustando por sus repercusiones y sus representantes. El libro está lleno de otros descubrimientos, como la locura. Una suerte de maldición sobre el que la padece, un camino que sigue la maldad para manifestarse, sin que ello suponga que todos los que no están locos son buenos, y viceversa. El Sil que baxaba de la nieve cuenta en su haber con un mérito difícil e inteligente: hablar de la «señaldá» sin citarla una sola vez. Todo el libro es un canto a un tiempo perdido, una reconstrucción de uno mismo a través de su historia, una búsqueda de referentes en un mundo quizá con demasiados referentes. Como el padre, figura arquetípica que significa una protección, una idea, que en algún momento desaparece, y abre una grieta, un antes y un después en la vida de cualquier ser humano. O el tren de carbón y pasajeros que conectaba el mundo del niño con el universo de los adultos. O la lejanía de la que llegaban los parientes ricos, hacedores de sueños, símbolos inalcanzables. Escrito en asturiano occidental, El Sil que baxaba de la nieve nos lleva de Palacios del Sil a Madrid, de Madrid a Viena, de Ponferrada a Oviedo, pasando por Buenos Aires. Cada ciudad regala su momento, su objeto referencial, que tiene su eco en el río Sil, en la memoria del autor y en la piel del adulto, que aprendió a ser quien es de sus padres, en los libros de cosacos, y en las aguas que bañan una tierra de montañas y valles, de algún modo, perdidos para siempre.
MÁS QUE PROBABLE, DE XAVIEL VILAREYO
Reproducimos equí otra selmana más l'artículu de José Ángel Gayol publicáu en La Nueva España de güei, cosa pa la que contamos col preste del autor (por si dalguién recelaba).
